Michael McDowell (1) (1950–1999)
Author of The Elementals
For other authors named Michael McDowell, see the disambiguation page.
Series
Works by Michael McDowell
Halley's Passing [short fiction] 5 copies
Blackwater II: Dikea 1 copy
McDowell Michael 1 copy
Miss Mack 1 copy
Associated Works
The Year's Best Fantasy and Horror: First Annual Collection (1986) — Contributor — 333 copies, 6 reviews
Tagged
Common Knowledge
- Legal name
- McDowell, Michael McEachern
- Other names
- Young, Axel (pseudonym)
McCray, Mike (pseudonym)
Aldyne, Nathan (pseudonym) - Birthdate
- 1950-06-01
- Date of death
- 1999-12-27
- Gender
- male
- Education
- Harvard College (B.A. and M.A.)
Brandeis University (PhD ∙ English) - Occupations
- screenwriter
movie director - Relationships
- Senelick, Laurence (spouse)
- Short biography
- McDowell died in 1999 from AIDS-related illness. His unfinished novel Candles Burning was "completed" by Tabitha King, wife of Stephen King, and published in 2006. It is listed on Ms. King's page. He collaborated with Dennis Schuet, under the pseudonmyn Nathan Aldyne on the Valentine and Lovelace mystery series.
- Nationality
- USA
- Birthplace
- Enterprise, Alabama, USA
- Places of residence
- Enterprise, Alabama, USA
Boston, Massachusetts, USA - Place of death
- Boston, Massachusetts, USA
- Map Location
- Massachusetts, USA
Members
Discussions
Southern mansion, bayou or swamp, manlike reptilian creatures, blackwater, reptilian baby in Name that Book (September 2012)
Reviews
Written before Blackwater: The Complete Saga, but containing a lot of similarities, especially the "swampy" aesthetic where you can feel the waterlogged moldy houses smelling rank from the page. Unlike Blackwater, which to my mind transcends just being a horror story, and flirts with being a generational epic, Cold Moon Over Babylon had a much clearer mission statement; it's a ghost story, and a good one - but the most horrific aspects of the story don't lie so much in the supernatural as show more with the mundane thriller that precedes it. It's in marrying real life drama with a haunting edge McDowell shines, giving the stories a grounding and investment they need to sell the rest. show less
El libro me resultó atrapante y me lo terminé en un par de noches. No soy un lector asiduo del género de terror/horror (mayormente he leído Lovecraft, Poe, Bierce y Chambers), así que no lo puedo criticar como experto en el género sino como obra literaria abstrayéndome un poco del género (aunque al final voy a volver sobre ese punto).
A la reseña en sí…
El libro es muy sólido. McDowell tiene gran dominio del lenguaje y del diálogo, pero principalmente del ambiente o show more “setting”. El género de horror es como el mercado inmobiliario: es todo “location, location, location”. No casualmente, el setting de muchas historias de terror es una casa. En este caso, McDowell logra algo muy difícil, que es sacarnos de la idea de que lo que da miedo es la oscuridad y la penumbra y logra que nos aterre un día soleado y una casa plácida. No es un logro pequeño.
La historia no es muy larga, y creo que está bien esa longitud. Es muy difícil mantener una trama por 300 o 500 páginas en un ambiente físico muy pequeño, a menos que uno extienda la historia en el tiempo o por muchos años o generaciones. Fácilmente McDowell podría haber hecho eso y haber contado la historia de la familia Savage en Beldame a lo largo de varias generaciones, en un estilo Pynchonesco. Pero McDowell tiene algo concreto y simple para contar y lo ejecuta a la perfección. Es una historia de terror sureña, con todos los elementos que debería tener: gente transpirada bajo el sol de Alabama, fachadas (de casas y de personas) que ocultan secretos indecibles, segregación racial y degeneración social.
En este punto es donde es imposible reseñar el libro sin tener en cuenta cuándo fue publicado. Si uno lo lee en el siglo XXI, tiene que abstraerse de muchas cosas que se han convertido en lugares comunes o tropos de la cultura popular, principalmente debido a las muchas películas de terror de los 80s hacia esta época. Porque si no, el libro de McDowell parecería pecar de lugares comunes y estereotipos, cuando en realidad Los Elementales debe haber sido la inspiración más o menos directa de muchas de esas historias. Sin repetir y sin soplar, algunos elementos que están en el libro y que hoy son ya lugares comunes del terror: la sirvienta de color/nativa que tiene conocimientos o poderes sobrenaturales (sea por herencia o por atavismo cultural no explicado); la “niña especial” que puede percibir lo que los adultos no ven o se ocultan a sí mismos; la gente blanca que no entiende nada; la matrona familiar opresora; los monstruos-niños deformados; la avaricia del empresario sureño amoral y de traje blanco. Alguno más me olvido. Por eso hay que abstraerse de estos elementos y de los lugares comunes posteriores y concentrarse en la ejecución de la historia, y ahí es donde McDowell brilla.
Es muy difícil que un libro me de miedo. De los autores que he mencionado antes, y algunos más que he leído y olvidado, muy pocos me han generado más que una leve incomodidad. Uno es McDowell. Otro fue Alan Moore (vuelvo sobre este punto más tarde). En Los Elementales, McDowell va creando varias viñetas, pequeños elementos que se van sumando y aumentando el miedo que transmite la casa. En mi caso, me resultaron más inquietantes los primeros relatos de las cosas sucedidas en Beldame. Me inquietó más cuando (SPOILERS) Dauphin sueña con pasos en la habitación de arriba y abre la puerta y ve a su madre muerta, o cuando India dibuja esa mujer gorda con los niños muertos en sus manos. (END SPOILERS) Una vez que la historia va avanzando, me fueron dando menos miedo esas secuencias, quizás porque a medida que se va “descubriendo” el misterio va perdiendo su poder. Hasta la mitad de la historia, es ambiguo y no sabemos si Beldame está habitado por espíritus o por fantasmas de los clásicos. Pero a medida que la historia va diciendo explícitamente que no son fantasmas, les fui perdiendo el miedo. Hasta el final, igualmente, la duda subsiste, pero para mí al nombrarlos ya perdieron un poco de poder, y en las escenas finales ya no sentía aprehensión.
Lo que le resta un poco a la historia es (como en el 90% de las historias de terror) la estupidez de algunos personajes. A menos que sea un cuento de terror (o novelas cortas como con Lovecraft), en una novela hay que cubrir más espacio, y siempre hay que hacer un poco de malabares para explicar por qué, después de 7 u 8 capítulos en que pasan cosas que harían que cualquiera saliera corriendo, los personajes se quedan en un lugar del cual cualquier persona razonable huiría y pondría un cartel de venta. McDowell intenta sortear esto de muchas maneras: con diálogos cortados, ocultándole información al lector y a India (su proxy) y remarcando el sopor y dificultad para pensar que ataca a aquellos que visitan Beldame. Pero subsiste la duda: si Luker y Dauphin, por ejemplo, sabían todo lo que había pasado en la casa a cada uno de ellos individualmente, por qué volverían a ese lugar? Es el problema sin el cual no habría historia, y que algunos autores sortean mejor que otros. McDowell lo hace bastante bien, pero no lo logra del todo. Le habría faltado una vuelta de tuerca más a la trama que llevara a todo el mundo a volver allí obligado. Sin eso, parecen ovejas yendo al matadero, con lo que el lector (y varios de los personajes) ya saben.
Al final de la historia, no queda claro si los Elementales eran solamente eso o si su aparición estaba unida inextricablemente a la familia Savage. Desde el principio la historia nos quiere hacer creer que la familia está maldita o algo así, solo para derrumbar esa creencia después. Pero el autor logra mantener la duda hasta el final.
Es muy difícil hacer una historia de terror perfecta, porque tienen que estar todos los elementos. A ésta le doy 4 estrellas de 5, mayormente por la ambientación y el diálogo, y le bajo un poquito por la ejecución de algunas partes. No le quito puntos por los lugares comunes porque no son culpa del autor sino del paso del tiempo entre que él lo escribió y que yo lo leí. En resumen: me gustó, es entretenida y es buena literariamente. Para alguien que no es asiduo lector de terror, es una muy buena lectura porque está bien escrita y no es una obra del montón. Es ideal para leer en la playa o en el patio de una casa playera por la noche. Pero hay que limpiarse los pies para sacarse la arena antes de entrar a casa…
PD1: la mención a Alan Moore más arriba es por su historia “American Gothic” en el cómic de Swamp Thing (DC). Es posiblemente una de las historias más aterradoras que he leído en cualquier medio/formato. Búsquenlo y léanlo. Cumple perfectamente con el tipo de “Terror Sureño”, en este caso, en Louisiana.
PD2: Lean Lovecraft también. El Color que cayó del Cielo es uno de los mejores, junto con La Sombra sobre Innsmouth y algunos de sus cuentos más “sci-fi”. Tiene algunos elementos un poco racistas visto en retrospectiva, pero es parte de su época mayormente. También abunda en sus historias de Nueva Inglaterra esa obsesión por la degeneración de los linajes, cosa que está también en las historias sureñas, en este caso, en los Savage. show less
A la reseña en sí…
El libro es muy sólido. McDowell tiene gran dominio del lenguaje y del diálogo, pero principalmente del ambiente o show more “setting”. El género de horror es como el mercado inmobiliario: es todo “location, location, location”. No casualmente, el setting de muchas historias de terror es una casa. En este caso, McDowell logra algo muy difícil, que es sacarnos de la idea de que lo que da miedo es la oscuridad y la penumbra y logra que nos aterre un día soleado y una casa plácida. No es un logro pequeño.
La historia no es muy larga, y creo que está bien esa longitud. Es muy difícil mantener una trama por 300 o 500 páginas en un ambiente físico muy pequeño, a menos que uno extienda la historia en el tiempo o por muchos años o generaciones. Fácilmente McDowell podría haber hecho eso y haber contado la historia de la familia Savage en Beldame a lo largo de varias generaciones, en un estilo Pynchonesco. Pero McDowell tiene algo concreto y simple para contar y lo ejecuta a la perfección. Es una historia de terror sureña, con todos los elementos que debería tener: gente transpirada bajo el sol de Alabama, fachadas (de casas y de personas) que ocultan secretos indecibles, segregación racial y degeneración social.
En este punto es donde es imposible reseñar el libro sin tener en cuenta cuándo fue publicado. Si uno lo lee en el siglo XXI, tiene que abstraerse de muchas cosas que se han convertido en lugares comunes o tropos de la cultura popular, principalmente debido a las muchas películas de terror de los 80s hacia esta época. Porque si no, el libro de McDowell parecería pecar de lugares comunes y estereotipos, cuando en realidad Los Elementales debe haber sido la inspiración más o menos directa de muchas de esas historias. Sin repetir y sin soplar, algunos elementos que están en el libro y que hoy son ya lugares comunes del terror: la sirvienta de color/nativa que tiene conocimientos o poderes sobrenaturales (sea por herencia o por atavismo cultural no explicado); la “niña especial” que puede percibir lo que los adultos no ven o se ocultan a sí mismos; la gente blanca que no entiende nada; la matrona familiar opresora; los monstruos-niños deformados; la avaricia del empresario sureño amoral y de traje blanco. Alguno más me olvido. Por eso hay que abstraerse de estos elementos y de los lugares comunes posteriores y concentrarse en la ejecución de la historia, y ahí es donde McDowell brilla.
Es muy difícil que un libro me de miedo. De los autores que he mencionado antes, y algunos más que he leído y olvidado, muy pocos me han generado más que una leve incomodidad. Uno es McDowell. Otro fue Alan Moore (vuelvo sobre este punto más tarde). En Los Elementales, McDowell va creando varias viñetas, pequeños elementos que se van sumando y aumentando el miedo que transmite la casa. En mi caso, me resultaron más inquietantes los primeros relatos de las cosas sucedidas en Beldame. Me inquietó más cuando (SPOILERS) Dauphin sueña con pasos en la habitación de arriba y abre la puerta y ve a su madre muerta, o cuando India dibuja esa mujer gorda con los niños muertos en sus manos. (END SPOILERS) Una vez que la historia va avanzando, me fueron dando menos miedo esas secuencias, quizás porque a medida que se va “descubriendo” el misterio va perdiendo su poder. Hasta la mitad de la historia, es ambiguo y no sabemos si Beldame está habitado por espíritus o por fantasmas de los clásicos. Pero a medida que la historia va diciendo explícitamente que no son fantasmas, les fui perdiendo el miedo. Hasta el final, igualmente, la duda subsiste, pero para mí al nombrarlos ya perdieron un poco de poder, y en las escenas finales ya no sentía aprehensión.
Lo que le resta un poco a la historia es (como en el 90% de las historias de terror) la estupidez de algunos personajes. A menos que sea un cuento de terror (o novelas cortas como con Lovecraft), en una novela hay que cubrir más espacio, y siempre hay que hacer un poco de malabares para explicar por qué, después de 7 u 8 capítulos en que pasan cosas que harían que cualquiera saliera corriendo, los personajes se quedan en un lugar del cual cualquier persona razonable huiría y pondría un cartel de venta. McDowell intenta sortear esto de muchas maneras: con diálogos cortados, ocultándole información al lector y a India (su proxy) y remarcando el sopor y dificultad para pensar que ataca a aquellos que visitan Beldame. Pero subsiste la duda: si Luker y Dauphin, por ejemplo, sabían todo lo que había pasado en la casa a cada uno de ellos individualmente, por qué volverían a ese lugar? Es el problema sin el cual no habría historia, y que algunos autores sortean mejor que otros. McDowell lo hace bastante bien, pero no lo logra del todo. Le habría faltado una vuelta de tuerca más a la trama que llevara a todo el mundo a volver allí obligado. Sin eso, parecen ovejas yendo al matadero, con lo que el lector (y varios de los personajes) ya saben.
Al final de la historia, no queda claro si los Elementales eran solamente eso o si su aparición estaba unida inextricablemente a la familia Savage. Desde el principio la historia nos quiere hacer creer que la familia está maldita o algo así, solo para derrumbar esa creencia después. Pero el autor logra mantener la duda hasta el final.
Es muy difícil hacer una historia de terror perfecta, porque tienen que estar todos los elementos. A ésta le doy 4 estrellas de 5, mayormente por la ambientación y el diálogo, y le bajo un poquito por la ejecución de algunas partes. No le quito puntos por los lugares comunes porque no son culpa del autor sino del paso del tiempo entre que él lo escribió y que yo lo leí. En resumen: me gustó, es entretenida y es buena literariamente. Para alguien que no es asiduo lector de terror, es una muy buena lectura porque está bien escrita y no es una obra del montón. Es ideal para leer en la playa o en el patio de una casa playera por la noche. Pero hay que limpiarse los pies para sacarse la arena antes de entrar a casa…
PD1: la mención a Alan Moore más arriba es por su historia “American Gothic” en el cómic de Swamp Thing (DC). Es posiblemente una de las historias más aterradoras que he leído en cualquier medio/formato. Búsquenlo y léanlo. Cumple perfectamente con el tipo de “Terror Sureño”, en este caso, en Louisiana.
PD2: Lean Lovecraft también. El Color que cayó del Cielo es uno de los mejores, junto con La Sombra sobre Innsmouth y algunos de sus cuentos más “sci-fi”. Tiene algunos elementos un poco racistas visto en retrospectiva, pero es parte de su época mayormente. También abunda en sus historias de Nueva Inglaterra esa obsesión por la degeneración de los linajes, cosa que está también en las historias sureñas, en este caso, en los Savage. show less
McDowell's ability to create ghost stories that aren't about ghosts is uncanny. This time the story is less swampy than it is full of sand, that's coarse and rough and irritating and gets everywhere. It's in fact evil sand! Or possibly haunted. Or maybe manifested from another reality. What sounds absolutely ridiculous manages to be a smouldering horror story about a haunted house and the things in it, or possibly in the sand itself, and the families caught up living next to it. McDowell show more never really defines his monsters or unveils their backstories in a way that keeps everything truly mysterious and alien, and avoids the pitfall of a Stephen King ending where it just turns out it was some evil alien rock that assimilated the sand. show less
It was another late night in Char's house! I hit a certain point in this book and knew I wasn't going to be putting it down again until I was done.
In a suburb of Boston a woman gives birth to twin girls in an ugly tenement. She insists the midwife pierce their ears and insert a small ruby earring in each. A few hours later the mother is dead and the twins separated, each without any knowledge of the other. This is the tale of how their separate lives eventually collide.
This book is quick show more reading and has lots of down 'n' dirty 80's fun. The singles bar scene in Boston back then was sometimes seedy and this book does not flinch away from that. At first I thought that Blood Rubies celebrated that seediness, but it turned out I was WAY off on that. I couldn't think of a better warning away from it than this story. Times have changed a lot since then, but for women, the truth is always the same in a singles bar-be wary and be careful.
The last quarter of this book flew by in a blur and the ending hit me like a truck. I was thrown into the air, across the road, and tossed in a heap onto the edge of the asphalt. (At least, that's what it felt like.) I still can't believe it! This book is a perfect example of McDowell's writing-his observations of the inner workings of family-the jealousies and resentments, the love and the hate, all the petty emotions-he knows them and writes about them in ways that- inside yourself? You know are true. And THIS, this is what made McDowell great.
Highly recommended for fans of 80's horror!
*My intention was to try to stretch this book out, but I just couldn't do it. This is the last dark fiction book written by Michael McDowell and brought back by Valancourt Books. That's it. I'm so sad about that, I can't even find the words to describe how I feel. If it weren't for Valancourt, I probably never would have been able to read McDowell's work since all of it was out of print or ridiculously expensive. So a HUGE thanks goes out to them for turning me on to him. He's now one of my favorite authors of all time. *
**Thanks again to Valancourt for providing this book free of charge in exchange for my honest review. This is it. * show less
In a suburb of Boston a woman gives birth to twin girls in an ugly tenement. She insists the midwife pierce their ears and insert a small ruby earring in each. A few hours later the mother is dead and the twins separated, each without any knowledge of the other. This is the tale of how their separate lives eventually collide.
This book is quick show more reading and has lots of down 'n' dirty 80's fun. The singles bar scene in Boston back then was sometimes seedy and this book does not flinch away from that. At first I thought that Blood Rubies celebrated that seediness, but it turned out I was WAY off on that. I couldn't think of a better warning away from it than this story. Times have changed a lot since then, but for women, the truth is always the same in a singles bar-be wary and be careful.
The last quarter of this book flew by in a blur and the ending hit me like a truck. I was thrown into the air, across the road, and tossed in a heap onto the edge of the asphalt. (At least, that's what it felt like.) I still can't believe it! This book is a perfect example of McDowell's writing-his observations of the inner workings of family-the jealousies and resentments, the love and the hate, all the petty emotions-he knows them and writes about them in ways that- inside yourself? You know are true. And THIS, this is what made McDowell great.
Highly recommended for fans of 80's horror!
*My intention was to try to stretch this book out, but I just couldn't do it. This is the last dark fiction book written by Michael McDowell and brought back by Valancourt Books. That's it. I'm so sad about that, I can't even find the words to describe how I feel. If it weren't for Valancourt, I probably never would have been able to read McDowell's work since all of it was out of print or ridiculously expensive. So a HUGE thanks goes out to them for turning me on to him. He's now one of my favorite authors of all time. *
**Thanks again to Valancourt for providing this book free of charge in exchange for my honest review. This is it. * show less
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