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Works by Carlos García Gual

Introducción a la mitología griega (2006) 54 copies, 1 review
Epicuro (1996) 48 copies
La secta del perro (1996) 46 copies
Los siete sabios (y tres más) (1901) 31 copies, 1 review
La muerte de los héroes (2016) 15 copies, 1 review
Audacias femeninas (1901) — Author — 13 copies
Diccionario de mitos (2017) 13 copies
Mitos, viajes, héroes (1981) 13 copies, 2 reviews
Primeras novelas europeas (1974) 12 copies
Prometeo, mito y tragedia (1979) 11 copies
Los orígenes de la novela (1972) 11 copies
Calímaco y Crisórroe (1982) 8 copies, 1 review
Muchas felicidades (2014) 8 copies
Grecia para todos (2019) 8 copies
MITO DE ORFEO, EL (2008) 7 copies
Diccionario de mitos (2021) 5 copies
La mitología (1989) 5 copies
Diccionario de mitos (1901) 4 copies
Grecia para todos (2022) 3 copies
Leda y el cisne (2004) 3 copies
FILOSOFIA & CO. N§ 2 (2026) 3 copies
UTÓPICOS, PIONEROS Y LUNÁTICOS (2023) — Editor — 2 copies
Grecia para todos (2021) 2 copies
Latín 2 Bachillerato (2003) 1 copy
Vidas de Alejandro : dos relatos fabulosos (2023) — Ed. lit. — 1 copy
Primeras novelas (2024) 1 copy
Edipo: mito y tragedia (2024) 1 copy
Epicuro, el libertador 1 copy, 1 review

Associated Works

The Meditations (0170) — some editions — 18,606 copies, 197 reviews
The Symposium (0360) — Introduction, some editions — 7,544 copies, 83 reviews
Aristotle's Politics (0323) — Translator, some editions — 6,744 copies, 48 reviews
The Greek Myths {complete} (1955) — Foreword, some editions — 4,945 copies, 34 reviews
The Anabasis [in translation] (0370) — Introduction, some editions — 2,734 copies, 53 reviews
The Argonautica (0003) — Editor, some editions — 2,428 copies, 25 reviews
The Wanderings of Odysseus (1995) — Introduction — 1,332 copies, 7 reviews
Daphnis and Chloe (0200) — Foreword, some editions — 1,290 copies, 20 reviews
The Greek Alexander Romance (2000) — Translator, some editions — 382 copies, 7 reviews
Tragedias I (2000) — Prólogo, some editions — 26 copies, 2 reviews
Mitos (1996) 17 copies
Historia de Merlín (1988) — some editions — 16 copies, 1 review
TRACING ORPHEUS SOZ 10 (Sozomena) (2011) — Contributor — 6 copies
Mitología clásica (2015) — Foreword, some editions — 5 copies
Dialogos de Platon. 9 volumenes — Translator, some editions — 1 copy

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Canonical name
García Gual, Carlos
Birthdate
1943
Gender
male
Nationality
Spain
Associated Place (for map)
Spain

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15 reviews
El francés distingue entre los términos savant y sage. Con el primero designa a ese individuo lacónico, apolillado y algo triste que ha consumido su vida en las bibliotecas y es capaz de recitar de memoria la lista de verbos irregulares sumerios, aunque no sepa poner una lavadora; el segundo hace referencia a un hombre curtido en los avatares de la vida, que ha adquirido un monto de experiencia con el que sabrá vadear las vicisitudes que le plantea el futuro. Para referirse a ambos show more personajes, el castellano debe resignarse al adjetivo sabio, cuyas fronteras fluctúan dependiendo del contexto: para nosotros tan sabio, a pesar de su palmaria distancia, es Girolamo Cardano, erudito renacentista autor de tratados delirantes sobre el empleo de las nueces en el ejercicio de la magia y otras sutilezas, y el patriarca de un clan gitano, cuyo analfabetismo no le impide mediar salomónicamente en un litigio entre familias enfrentadas. El sabio griego, en la acepción en que lo utiliza Carlos García Gual en este breve y refrescante ensayo de arqueología cultural, se aproxima más al segundo que al primero de ellos: los Siete Sabios de la Antigüedad, más otras tres personalidades afines a los que los asociaron el azar de las leyendas y los comentarios, fueron siete ejemplares de humanidad y siete modos de enfrentar los diversos dilemas de la existencia en busca del camino más propicio al éxito. Salvo un par, ninguno de ellos descuella por sus dotes librescas y la nómina cuenta incluso con flagrantes iletrados; detalle ocioso, porque la sabiduría de la que se decían depositarios poco tenía que ver con la hoja de papiro, la cátedra o el tintero y mucho con el modo de orientarse en el interior de un laberinto, ya se presentara éste bajo la forma de una ciudad difícil de gobernar o un matrimonio lleno de baches.
A la pregunta de por qué el censo de grandes almas debe contener siete miembros y no cinco (como los aventureros juveniles) o doce (como prefiere el Espíritu Santo), García Gual responde: «No es un número con significación religiosa, pero, siendo el número primo más alto en la decena, resulta muy apropiado para formar un pequeño grupo, discreto y variado, suficiente para un collegium de doctos, para un simposio divertido o para una banda de salteadores. Siete son los enanos de Blancanieves y los niños de Écija». La lista más antigua, que todas las que vendrán luego parecen respetar con mínimas variantes, incluye a un filósofo, dos poetas, un juez, un tirano y un labriego; más tarde se les sumarán, a gusto del compilador, un extranjero despistado que recorría Grecia sorprendiéndose de sus costumbres, un chamán que pasó veinte años durmiendo en una cueva y el autor de un tratado sobre la genealogía de los dioses. Así nos encontramos a Tales de Mileto, primer pensador de Occidente, famoso por partirse la crisma en una zanja al ir mirando las estrellas; a Solón de Atenas, convencido contra las evidencias del destino de que los justos siempre triunfan y los malhechores son castigados; a Bías de Priene, que envió a un amigo una lengua cortada cuando le solicitó lo mejor y lo peor del cuerpo de un hombre, «en la idea de que el hablar produce los mayores daños y los mayores provechos». Junto a ellos comparecen Quilón de Esparta, que no recordaba haber cometido nada ilegal en su vida, no sabemos si por su buen corazón o por su mala memoria; Pítaco de Mitilene, merecedor de los elegantes insultos de Alceo, expresados en metros yámbicos, y que molía su propio pan para hacer gimnasia; Cleóbulo, que dejó inscrito que la obra de ciertos artistas es imperecedera en la base de una estatua, hoy perdida; Misón, tan sabio que de él no sabemos absolutamente nada, y es que la primera regla de inteligencia está en la modestia. La pintoresca sucesión de vidas apócrifas, milagros y máximas que contiene el libro abocará probablemente al lector actual a una duda difícil de resolver: la de si estos individuos extraños, convertidos en clichés o perfiles de moneda conservan vigencia en sus enseñanzas y de si la profundidad de su sabiduría puede resultar provechosa a individuos que tuvieron la desdicha de nacer veintisiete siglos después de su ministerio. Tal vez; la distancia ha convertido a esta caterva de mentes privilegiadas casi en personajes de cuento, fantasmas cuyos ejemplos tienden más a despertar la sonrisa que la meditación serena, pero es cierto que algunos de sus apotegmas, reunidos en cómodas latas de conserva por comentaristas posteriores como Demetrio de Falero, preservan ese aire de misterio a medio camino entre la genialidad y la tontería que suele definir a los aforismos orientales y los billetitos de los postres chinos. Un apéndice final de la obra incluye una antología de dichas sentencias, entre las que hallamos: «No castigues a los criados mientras bebes, pues parecerá que no sabes soportar el vino»; «No digas cosas más justas que tus padres»; «No muevas las manos al hablar, que es de locos»; «Acerca de los dioses, di que existen». Mi preferida, atribuida a Periandro de Corinto, es «Insulta como si fueras a hacerte pronto amigo»: una práctica en la que, bien lo sabemos todos, les vendría bien ejercitarse a los críticos de ciertos suplementos culturales.
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Con su prosa amena, sabia y elocuente, Carlos García Gual nos presenta no solo a los grandes autores de la cultura grecolatina, sino a buenos amigos que pueden acompañarnos toda la vida, porque los clásicos son precisamente aquellos textos que en cada lectura nos cuentan algo nuevo.

En este libro encontramos a Homero, el primer autor de la literatura occidental; a Eurípides y Aristófanes, representantes de la tragedia y la risa en el teatro griego; al divertido Luciano y al seductor show more Ovidio; al escandaloso Petronio y al romántico Longo. Pero también a Séneca, que todavía tiene tanto que enseñarnos para intentar vivir una vida más feliz, o a dos de los más importantes pensadores de la historia: Platón y Aristóteles. En esta invitación a la lectura de los clásicos descubrimos que casi todos los géneros literarios fueron inventados por autores griegos y latinos, desde el drama y la comedia hasta la épica; desde la historia y la biografía hasta la ética y la filosofía; desde la novela de aventuras y la de amores románticos hasta la sátira y los manuales de seducción. Voces de largos ecos nos ofrece un panorama incomparable de lo mejor de la cultura clásica. show less
Sobre el sustrato de la novela de amor y de aventuras, el último género que inventaron los griegos entre los siglos I y IV de nuestra era, cuando el mundo helenístico se había integrado políticamente al Imperio Romano, surge mil años después un remedo tardío de aquellos relatos: la novela bizantina, que florece entre los siglos XII y XIV y entre cuyos ejemplos más destacados se encuentra esta obra, de autor anónimo y compuesta probablemente en el siglo XIII. A caballo entre la show more novela romántica y la narración fantástica, en el relato --que narra las peripecias de una pareja de jóvenes amantes perseguidos por la Fortuna y sometidos a la tiranía de Eros--, elementos del cuento de hadas tradicional (el dragón, la manzana encantada, el castillo de oro) se mezclan con resonancias de la mitología clásica.
Dormida esta novela en la biblioteca de Leiden, reeditada en 1980, figura como una flor de la literatura fantástica. Un relato anónimo que Carlos García Gual, especialista en literatura clásica, devuelve con un regusto de cuento fantástico y romántico. La historia amorosa cuenta que Calímaco da muerte al dragón con el consejo de Crisórroe. Es por eso de la misma materia de "Las mil y una noches" o "Blancanieves", de las sagas anglosajonas o el hobbit tolkieniano. Sólo que en esta novela el amor lo justifica todo, y su final feliz, en el castillo donde Eros y el rey, destruye su maniqueísmo a fuerza de ingenuidad, a fuerza de magia, a fuerza de fantasía.
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De la experiencia histórica de su momento, Epicuro supo extraer una consecuencia crítica sobre el existir personal, una visión del mundo que tal vez algunos puedan calificar de pesimista, la de que no hay un sentido natural ni trascendente en el universo ni en la vida humana, y de que la sociedad con su estructura de poder amenaza el único bien auténtico del individuo: su libertad personal.

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