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Alejandra Pizarnik (1939–1972)

Author of Poesía completa (1955-1972)

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About the Author

The daughter of Polish-Jewish immigrants, Pizarnik suffered throughout her life from severe depression and committed suicide one weekend on leave from the psychiatric hospital where she was institutionalized. Pizarnik spent several years in Paris in contact with the European poetic vanguard and show more toward the end of her life held a Guggenheim Foundation award. Her poetry portrays the life of Latin American women as a bodily dismemberment by a multiply oppressive and repressive patriarchy. It sparked interest alone for the intensity with which it chronicles the obsessions of a feminine poete maudit. Concomitantly, Pizarnik's poetry assumed a clandestine and iconic dimension because the bulk of her mature output coincided with the military regimes in Argentine. For some, her work is a symbol of the destruction of the individual by neo-Fascist tyranny. Although Pizarnik mostly wrote highly charged poetic vignettes, leading her to be compared with Sylvia Plath, she also wrote outstanding prose poems, culminating in The Bloody Countess (1971). This is a chilly recreation of the nefarious Hungarian noblewoman, Erzbet Bathory, who was accused in the seventeenth century of torturing to death 600 maidens; and it is a work whose interest overlaps, if only obliquely, with the significant lesbian dimension of Pizarnik's writing. (Bowker Author Biography) show less

Includes the names: Pizarnik a., Alejandra Pizarnik

Series

Works by Alejandra Pizarnik

Poesía completa (1955-1972) (2000) 252 copies, 12 reviews
La condesa sangrienta (2005) 105 copies, 5 reviews
Diarios (2003) 96 copies
Prosa Completa (2002) 78 copies
El infierno musical (1971) 55 copies, 1 review
Diana's Tree (1962) 44 copies, 2 reviews
The Galloping Hour: French Poems (2018) 39 copies, 1 review
En esta noche, en este mundo (2013) 26 copies, 1 review
Os Trabalhos e as Noites (1986) 16 copies, 1 review
Spegelns vägar (2004) 11 copies, 2 reviews
Antologia Poética (2020) 9 copies
Selected Poems (2010) 9 copies, 1 review
Alejandra Pizarnik (1992) 7 copies, 1 review
Cenizas-Asche, Asche (2002) 5 copies
Music & Literature no. 6 (2015) 5 copies
Poemas (1982) 4 copies
El eco de mis muertes (2022) 3 copies
Textos selectos (1999) 3 copies
Correspondencia Pizarnik (1998) 3 copies
La figlia dell'insonnia (2004) 3 copies
Oeuvres: Tome 2 (2024) 2 copies
PROSA COMPLETA PIZARNIK (2006) 2 copies
Extração da pedra da loucura (2019) 2 copies, 1 review
Textos de sombra y últimos poemas (1982) 1 copy, 1 review
O inferno musical (2022) 1 copy
Les aventures perdues (2015) 1 copy
Obras selectas (1992) 1 copy
Pizarnik 1 copy
Nočna pevka 1 copy
Poetens verk 1 copy

Associated Works

The Oxford Book of Gothic Tales (1992) — Contributor — 600 copies, 6 reviews
Other Fires: Short Fiction by Latin American Women (1985) — Contributor — 134 copies, 5 reviews
Surrealist Women : An International Anthology (1998) — Contributor — 115 copies
Dark Angels: Lesbian Vampire Stories (1995) — Contributor — 105 copies, 3 reviews
These Are Not Sweet Girls: Poetry by Latin American Women (2000) — Contributor — 44 copies, 1 review
Sinister Wisdom 31 (1987) — Contributor — 8 copies

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Common Knowledge

Legal name
Pizarnik, Flora Alejandra (birth name)
Birthdate
1939-04-16
Date of death
1972-09-25
Gender
female
Education
University of Buenos Aires
Sorbonne
Occupations
poet
painter
translator
literary critic
diarist
Awards and honors
Guggenheim Fellowship (1969)
Fulbright Fellowship (1971)
Short biography
Alejandra Pizarnik was born to a family of Russian Jews who had fled to Argentina to escape the Holocaust. She attended the University of Buenos Aires and studied philosophy, journalism, and literature. She also studied painting with Surrealist painter Juan Battle Planas. She published her first book of poetry, La tierra más ajena, in 1955. She was strongly influenced by the French Symbolists, especially Arthur Rimbaud and Stéphane Mallarmé, and her work reflects frequent themes of childhood, pain and death.
In 1960, Alejandra went to Paris, where she worked as a freelance proofreader and translator. She translated into Spanish such French authors as André Breton, Aimé Césaire, Marguerite Duras, Paul Eluard, and Henri Michaux. She also wrote poetry and criticism for Latin American, Spanish, and French literary magazines. She was on the staff of the journal Cuadernos and joined the editorial board of Les Lettres Nouvelles. She was part of a literary circle that included leading 20th-century European and Latin American artists and writers, including Julio Cortázar, Rosa Chacel, and Octavio Paz. She continued her studies, taking courses in contemporary French literature and the history of religion at the Sorbonne.
Alejandra returned to Buenos Aires in 1964 and continued her intense literary activity. In 1965, her book Los trabajos y las noches was named the best book of poetry by the Argentine Foundation of Arts. In 1969, she received a Guggenheim Fellowship, which allowed her to travel to New York City, and in 1971 a Fullbright.
Pizarnik became one of the most significant modern Argentinian poets. She developed an addiction to amphetamines, which caused sleep disorders, and she may also have suffered from borderline personality disorder.
Alejandra Pizarnik died of an overdose of Seconal in 1972. Today there is a monument to her in her childhood neighborhood of Avellaneda.
Cause of death
suicide
Nationality
Argentina
Birthplace
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina
Places of residence
Paris, France
Place of death
Buenos Aires, Argentina
Burial location
Cementerio La Tablada, Buenos Aires, Argentina
Associated Place (for map)
Buenos Aires, Argentina

Members

Reviews

39 reviews
Sala de psicopatología (Pizarnik fez análise com o próprio Enrique Pichón Riviere)

"Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint-Tropez, Cap
St. Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián,
Santillana del Mar, Marbella,
Segovia, Ávila, Santiago,
y tanto
y tanto
por no hablar de New York y el del West Village con rastros de muchachas estranguladas
-quiero que me estrangule un negro -dijo
-lo que querés es que te viole -dije (¡oh Sigmund! con
vos se acabaron
show more los hombres del mercado matrimonial que frecuenté en las mejores playas de Europa)
y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada,
y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, tenemos destino,
-una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo que no figura en el mapa dice:
-El doctor me dijo que tengo problemas. Yo no sé. Yo Tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar que mama mía.
Nietzsche: "Esta noche tendré una madre o dejaré de ser."
Strindberg: "El sol, madre, el sol."
P. Eluard: "Hay que pegar a la madre mientras es joven."
Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la vegetación
lujuriosa. A la hora que la parió abre las piernas, ignorante del sentido de su posición destinada a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire, pero luego una quiere volver a entrar en esa maldita concha,
después de haber intentado nacerse sola sacando mi cabeza por mi útero
(y como no puede, busco morir y entrar en la pestilente guarida de
la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
hablo de la concha y hablo de la muerte,
todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo -la mahtma gandhi del lengüeteo, la Einstein de la mineta, la Reich del lengüetazo, la Reik del abrirse camino entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la roña!

Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta besan al lepro-
so, pero
¿se casarían con el leproso?
Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
sí de eso son capaces,
pero luego viene la vocecita que acompaña a los jovencitos como ustedes:
-¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
Y sí,
aquí en el Pirovano
hay almas que NO SABEN
por qué recibieron la visita de las desgracias.
Pretenden explicaciones lógicas los pobres pobrecitos, quieren que
la sala -verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la roña les da terror, y el desorden, y la soledad de los días habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia.
Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de repente en una sala llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría.
Pero
¿qué cosa curar?
Y ¿por dónde empezar a curar?
Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente verbal es casi tan bella como el suicidio.
Se habla.
Se amuebla el escenario vacío del silencio.
O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
-¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto al inagotable fluir del murmullo. A veces -casi siempre- estoy humeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo con una pija así y coger-me a mí y dármela hasta que acabe viendo curanderos (que sin duda me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una buena
frigidez.
Húmeda.
Concha de corazón de criatura humana,
corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
"como un niño de pecho he acallado mi alma" (Salmo)
Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honrarla con mi presencia prestigiosa (si me quisiera un poquito me ayudarían a anularla)
oh no es que quiera coquetear con la muerte
yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a
fuerza de prolongarse,
(Ridículamente te han adornado para este mundo -dice una voz apiadada de mí)
Y
Que te encuentres con vos misma -dijo.
Y yo dije:
Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y misma enti-
dad con él tengo que matar al migo para que así se muera el con y, de de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica supliciante finaliza en
la fusión de los contrarios.
El suicidio determina
un cuchillo sin hoja
al que le falta el mango.
Entonces:
adiós sujeto y objeto,
todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de los cuentos
para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la cita, es el espacio
vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento de la fusión
y del encuentro,
fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo de evolución de sociedades de consumo,
y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
lejos de las ciudades en las que se compran y se vende (oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada de los suburbios malsanos
por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que
no has tenido madre (ni padre, es obvio)
De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación
de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
-Ellos son todos y yo soy yo-
finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos muchachos de
buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) me podrán ayudar,
pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis sombras interiores que estos mediquillitos jamás sabrán conocer (la profundidad, cuanto más profunda, más indecible) y los puteo por que evoco a mi
amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) de esta sala, pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, éstos tienen cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo agoniza en la miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción de un alma, por haber hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal volcada-
viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos,
cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos genial; sos
un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
te quiero tanto que mataría a todos estos médicos adolescentes para
darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un siglo más,
(vos, yo, a quienes la vida no nos merece)
Sala 18
cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos en una casa en ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
15 ó 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el demonio de las analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado:
abrir se abre
pero ¿cómo cerrar la herida?
El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos no restañan la herida que supura.
El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.
"Cambiar la vida" (Marx)
"Cambiar el hombre" (Rimbaud)
Freud:
"La pequeña A. está embellecida por la desobediencia", (Cartas...)
Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica.
Sin duda, muchas claves las extrajo de "los filósofos de la naturaleza",
de "los románticos alemanes" y, sobre todo, de mi amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático que escribía en su Diario cosas como:
"Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas"
Algo solo estaba, ¿no?
(Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
Y a Kierkegaard
Y a Dostoyevski
Y sobre todo a Kafka
a quien le paso lo que a mí, si bien él era púdico y casto
-"¿Qué hice del don del sexo?" -y yo soy una pajera como no existe otra;
pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber-
que de allí no se vuelve
se alejo -me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje
-yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te la picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más."
show less
one of the most remarkable collections of poetry i've read in some time. although there are some gems prior, the intense elevation of vision and style inaugurated (in this selection, at least) by the long stream-of-consciousness poem "Psychopathology Ward" yields a cycle of poems that fructifies experiential writing at its finest and most authentic
Con Pizarnik empiezas en lo más negro y rematas en un hoyo infausto de desesperanza. Aún así no puedes dejar de leerla. Pizarnik es un montón de mujeres, todas heridas y desesperanzadas. Ni siquiera la esperanza es esperanzadora: "No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá." Porque todo lo bueno está en la otra orilla, incluso cuando cruzas, todo vuelve a estar en la otra orilla. Es una extraña desde su nacimiento, y no deja de serlo en ningún momento. Es una sonámbula en show more una cornisa. Es pura contradicción:
"Querer quedarse queriendo irse"
"Triste cuando deseo y cuando no. Triste cuando con un cuerpo y cuando no. Triste cuando con su sonrisa y cuando no."
Pero sobre todo es desilusión porque "ahora y siempre es nunca" y lo que espera no existe.
Intenta buscar la salvación en la palabra, en el lenguaje, pero nada rima con nada, y además, tampoco quiere salvarse: "no me hables del sol porque me moriría".
No hay tregua, pero su verso más que libre (sin comas, a veces sin mayúsculas, sólo minúsculas, sin principio ni fin) a veces te despierta como un relámpago de luz violeta:
"Aquí vivimos con una mano en la garganta. Que nada es posible ya lo sabían los que inventaban lluvias y tejían palabras con el tormento de la ausencia. Por eso en sus plegarias había un sonido de manos enamoradas de la niebla."
"La para siempre seguridad de estar de más en el lugar en donde los otros respiran. De mí debo decir que estoy impaciente porque se me dé un desenlace menos trágico que el silencio."
Así termina esta antología:
"No [poder] querer más vivir sin saber qué vive en lugar mío ni escribir si para herirme la vida toma formas tan extrañas."
Dura, a veces sórdida, lúcida, breve. Como un tiro en la nuca.
Para releer.
show less
It is not solitude with wings,
it is the silence of the prisoner,
it is the muteness of birds and wind,
it is the world angry at my laughter
or the guardians of hell
tearing up my letters.

I have called, I have called.
I have called towards never.

Seldom have I found poetry that has penetrated every fiber of my soul. This is a scream into the void, born from loneliness, dark sexuality, and the nearness of death.

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